Informador Independiente/Ana L. Vilches S.- Hoy ha sido un día muy mexicano. Contrario a lo que usted podría pensar, señor lector, eso no sucede muy seguido… y no por falta de ganas, no vaya usted a creer eso, sino … ¿cómo lo diríamos para que no suene miserable? por falta de un adecuado programa presupuestal, porque aquí vivir como mexicano es un lujo.

El pobre franchute -quien se casó conmigo dos veces, así que no tiene mucho margen de escape- me dijo un “sí” más bien resignado cuando le hice mi planteamiento para el día: ir a la presentación del libro “La Tacopedia”** en el Consulado de México y luego regresar a cocinar una receta que se me ocurrió (lo cual obviamente implica que no había garantía de que fuera comestible). Yo no sé si le sonó a algo que tuviera muchas ganas de hacer, pero hay que reconocer que el muchacho pone mucho de su parte, así que aceptó y nos lanzamos.

Cuando llegamos, el Consul estaba dando un bonito discuso-presentación de la autora, Déborah Holtz; cuando el señor terminó ella tomó el micrófono y después de una introducción al maravilloso mundo del taco (e ilustrándolo con imágenes de un proyector), presentó el libro… todo esto en inglés y ante un público en gran mayoría no mexicano. En algún punto, la señora Holtz hizo una esperanzadora revelación: al final de la presentación, habría una pequeña pero digna degustación de tacos. Detrás del escenario habían acondicionado un espacio para calentar la cochinita pibil y el bacalao, así que mientras ella hablaba apasionada de cada parte que compone el libro, el embriagante aroma de los chimoles invadía la sala. Ya se imaginarán el escándalo que nuestras tripitas empezaron a hacer, porque juntar ese aroma con las eróticas imágenes de un trompo de pastor, un comal lleno de manteca para hacer quesadillas, tacos de canasta con su plastiquito azul, la exótica vaporera en la que se cocina lenta y deliciosamente la materia prima para los tacos de cabeza… simplemente, no era de Dios. Cuando por fin pasamos a la parte de la degustación, nos zampamos 2 tacos cada uno (mini taquitos, hay que precisar) y terminamos preguntándonos “¿de aquí a donde?” entonces, la vida, la gula y la línea naranja del metro nos llevaron a la siguiente parada: Tacos Frida.

Ahí llegamos a pedir, el franchute, tacos varios y agua de horchata y yo, café de olla y pozole. Nos encontrábamos en el éxtasis culinario cuando empezamos a filosofar… la verdad es que para valorar realmente lo maravillosa que es la cultura mexicana, hay que salir de México.

Le contaba que desde el Jardín de niños te toca llevar cosas para la ofrenda del día de muertos, cada año y sin escapatoria, así que para cuando llegas a la secundaria ya la alucinas y te parece cero cool y nada fashion, entonces ves que el Halloween tiene ondita y “te mudas de costumbre”. Mea culpa, yo aprendí a valorar el Día de Muertos cuando vine a Montreal la primera vez y me di cuenta de que nadie, en ninguna parte del mundo tiene una celebración como la nuestra. Ahora me confieso enamorada del Día de Muertos. Tenemos similitudes con nuestros vecinos latinoamericanos, pero siempre habrá pequeñas cosas que en cualquier parte del mundo hacen que se nos note el código postal (cosas buenas, eh, no el que orina la “Flama Eterna” en Paris) Además tenemos la música de mariachi, la comida, el clima, los paisajes, las costumbres… cuando vivimos en México lo damos por sentado, pero cuando conoces realidades diferentes te das cuenta lo maravilloso que es México… y lo despreciables que son sus políticos, porque si ellos entendieran su misión nuestro país sería de Primer Mundo.

Y luego… pues volvimos a la casa, donde preparé una pasta rara que quedó con consistencia de engrudo, pero como hice mucha comeremos 3 días… porque una no está para desperdiciar la comida, hay niños pobres que ya quisieran mi pasta pegostiosa.

Por esta semana me despido, amables 3 lectores, les pido que sean más inteligentes que yo (lo cual no es muy difícil) y valoren las cosas maravillosas que tiene México, y ya si pueden, también denle una pensadita a qué vamos a hacer para cambiar la situación actual, porque recordemos que si esos chanchos repugnantes están en el poder, es porque el pueblo (o sea, nosotros) lo permitió.

 

P.D.: Si se preguntan si el libro vale la pena, diré: ¡TOTALMENTE!

**HOLTZ, Déborah, “La tacopedia: enciclopedia del taco”, México, Editorial Trilce, 3a ed., 2013, 432 p.

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