Informador Independiente/ Ana L. Vilches S.- Ay, queridos lectores (léase como en un suspiro), les cuento que estoy contenta e impresionada porque nuestra columna (suya y mía) sobre la historia de Québec tuvo más de 2 mil 600 entradas… lo que mi editor no sabe es que como 500 son mías, pero igual nos quedan 2 mil personas que entraron a leer la columna… yo sé que para López Dóriga eso no es nada… pero para mí es el Pulitzer. Muchas gracias por haberla leído… y si la releyeron, más les agradezco, porque clicks son clicks.

Les platico que en estos días pasó algo muy curioso, una amiga de la secundaria subió una foto a Facebook y me etiquetó. En la bonita imagen estoy luciendo mis 14 primaveras con mis amigas, con nuestro distinguido uniforme de pantalón azul, sueter gris, blusa blanca y moño naranja de gato premiado en el cuello… y me vi… ¿y les digo algo? estaba preciosa. Y no, eh, no lo digo para que de manera natural traten de darme guayabazos diciendo «ay, no, si para tu edad te ves muy bien», «no, hombre, si sigues estando chula»… no, o sea, gracias, pero no. Lo digo porque recordé que a esa edad usaba suéteres grandes porque me sentía gorda, me comparaba con mi amigas y me sentía fea, chaparra y gorda. Es que verán ustedes, siempre he tenido el mal gusto de conseguirme amigas bonitas, siempre, en la secundaria, en la prepa… siempre flaquitas esculturales y yo, pues soy de osamenta poderosa ¿saben? entonces nunca me vi como ellas… o de menos eso creía yo. El día que esta amiga me etiquetó en las fotos miré mi carita sin una gota de maquillaje, mi copete hecho con tubo, mi media coleta típica de la secundaria, mi sonrisita de niña que no sabía en lo que se estaba metiendo, y mi cuerpo, y no, no estaba gorda. Es verdad que no era un palillo, pero definitivamente no estaba gorda, entonces me pregunté ¿qué en mi vida hubiera sido diferente si en ese momento yo me hubiera visto como en realidad era? y la respuesta es TODO.

Si solamente me hubiera visto como era, mi autoestima hubiera sido mejor, mis relaciones con el sexo opuesto más sanas, mi manera de hablar de mí totalmente distinta… y quizá no hubiera proyectado lo que sea que proyecté que provocó que en el club deportivo al que íbamos me llamaran «Ana marrana» (en ese momento no se usaba la palabra «bullying», pero totalmente sé que así se le llama a lo que viví en ese lugar)¿pero por qué no me vi como era? ¿Era que me comparaba con mis hermosas amigas (que aún casadas y con hijos siguen estando esculturales las mugrosas)? ¿que las imágenes que veía en televisión eran chicas totalmente distintas a mi? ¿que la ropa que compraba era de mala calidad y me veía del cocol? Quizá todas las anteriores, en realidad…

En esas reflexiones estaba cuando pensé «gracias a Dios que no tengo una hija», jeje, porque ¿cómo le explicas a una niña su belleza? ¿cómo le das seguridad en si misma si las cosas que ve en los medios y las redes sociales no legitiman su belleza? ¿cómo podemos decirles que no necesitan verse como ángeles de Victoria´s Secret para ser lindas? La verdad es que me quito el sombrero frente a las mamás y papás que tienen que trabajar en eso diario… espero que estén trabajando en eso diario. Ahí les encargo, por favor, échenle ganitas al autoestima de sus críos y crías, ahórrenles años de terapia futura.

En fin queridos lectores, esta semana no estuve muy divertida, pero es que me agarró la angustia con esta juventud, jaja, porque benditos sean los 90´s,  de menos nuestros modelos entonces eran Britney Spears (antes de raparse) y las Spice Girls, pero a las niñas de ahora ¿quién podrás ayudarlas? ¡Tienen a las Kardashian!

Y ya hablando de jícamas con chile, les presumo que ya tengo dirección de mail sólo para ustedes: aluisavs@informadorindependiente.com, ahí pueden mandarme mensajitos y contarme de qué quieren que escriba o preguntarme cosas o lo que sea… Queridos lectores, les deseo una linda semana y recuerden que somo bellos, no queramos ver nuestras fotos dentro de 20 años y pensar que fuimos unas beldades desperdiciadas.

Leer mas columna..