Informador Independiente/Ana L. Vilches S.- Cuando uno nace y crece en México siente que todo el mundo (o por lo menos Québec) funciona de la misma manera… que en todos lados los niños son enviados por las tortillas, que todas las mamás son campeonas indiscutibles de la chancla, que afuera de todas las escuelas venden papas y chicharrones de dudosa higiene… que el mundo es igual a México pero con nieve o con mar o ambas… pero, no.

No voy a caer en el lugar común de hablarles de los padeceres más frecuentes de los expatriados: que la comida mexicana es escasa, cara y mala; que las frutas son descoloridas y desabridas; que el clima no es tan generoso; que la gente no saluda en el elevador, no te dicen ‘salud’ cuando estornudas… eso es normal, todos nos hemos quejado y tarde o temprano terminamos acostumbrándonos, no hay opción. Sin embargo, hay otras cosas que uno cree que son básicas, fundamentales e internacionales y no, particularmente dos cosas que me han llevado al borde de la lágrima por no existir en Canadá: la educación universitaria gratuita y el aguinaldo.

Como dijo Jack el Destripador, vamos por partes. Aquí, los niños pueden ir al colegio gratuito hasta el nivel de preparatoria, sí hay colegios privados, pero son demasiado costosos y la mayoría de la gente manda a sus críos a la educación pública… hasta ahí, bien. Lo que pasa cuando quieres entrar a la Universidad es una verdadera telenovela de Juan Osorio… comenzaré explicando brevemente que yo vivo en la ciudad de Montreal, que se encuentra dentro de la provincia de Québec y que es como un país dentro de otro país: se habla francés y la gente, costumbres e ideologías son muy distintas al resto de Canadá. Aquí, las Universidades tienen 3 tarifas: tarifa de residente de Québec, tarifa de residente de Canadá y tarifa de estudiante internacional. Para la tarifa de residente de Québec tienes que demostrar que tienes tu residencia permanente en la provincia (que no te acabas de mudar de Saskatchewan para que te hagan un descuentito, vaya). Y en todas,  repito, EN TODAS las universidades pagas.

Para que se den una idea, hablando en cifras reales, los precios por año en la universidad McGill para estudiar una Ingeniería son de $4,532.24 si eres residente de Québec; $9,431.84 si eres Canadiense no Quebeco, y $38,535.04 si vienes de cualquier otra parte del mundo… precios, obviamente en Dólares canadienses…

Esta es una universidad cara, pero los costos no son tan distintos en las demás. Ahora… ¿cómo haces si no tienes dinero para pagar?  Pides un célebre y nunca bien ponderado “Préstamo estudiantil”. Este préstamo te lo hace el estado, te depositan tu lanita y con eso tú vas y pagas toda las cosas que hay que sufragar: que si la matrícula, que si el seguro dental, que si los cargos administrativos y cuanta cuota mafufa les venga a la imaginación. Y así terminas tus 3 o 4 años de estudio (o los que sean de acuerdo a tu carrera) y cuando felizmente te gradúas y sientes que ya tienes el mundo en tus manos, resulta que lo que tienes es una deuda que Dios guarde la hora… así que a trabajar y a pagar… (porque obvio, generó intereses durante tus años de estudio)… así que tu bienvenida a la vida adulta es ligeramente amarga.

La otra cosa, el aguinaldo… seguro algunos pensaron “¿cómo que en Canadá que es un país tan lindo, considerado y avanzado son tan desalmados como para no dar aguinaldo?” Pues lo mismo pensé yo, y sí lo son. Aquí la mayoría de los trabajos “pequeños” (empleado en una tienda de lo-que-sea, en un restaurante, bar y cosas así) se pagan por hora trabajada.  No trabajas, no te pagan ¿Te enfermaste y no fuiste a trabajar? No te pagan ¿Tuviste un contratiempo o pediste permiso para hacer un trámite? Te pagan las horas que trabajaste… así, sencillo y dolorosamente claro. Si tienes la fortuna de encontrar un trabajo asalariado, es otro cantar, porque las ofertas te dicen cuanto vas a ganar por año y sin descontar impuestos… entonces te dicen que tu sueldo es de $45,000 dólares canadienses al año, por ejemplo… y tú no tienes idea de Cuánto es eso a la quincena… haces la división y crees que te va a alcanzar para comer con champagne… ja… te falta descontarle los impuestos. Pero finalmente te salen las cuentas, aprendes a administrar de manera más o menos eficiente y entonces, llega diciembre; en ese punto tú estás esperando algo… no sabes bien qué, pero algo… pues siéntate y espera porque no hay nada. Aquí el aguinaldo no existe, te pagan tu quincena normal y si no ahorraste, mala tarde, cenarás Maruchan el 24 de diciembre.

(Me acabo de acordar de otra cosa que requiere una catarsis: el sistema de salud… pero si me pongo a escribir al respecto, a ustedes se les van a dormir las nachas si están leyendo en el baño y yo me voy a poner a llorar, así que esa la voy a dejar en pausa para otra ocasión.)

Toda esta diatriba fue para decirles que esa frase de “los logros alcanzados por la lucha de los trabajadores” que generalmente sólo escuchamos en la publicidad del SITATYR, es verdad… y que parezca lo que parezca, no siempre la hierba es más verde por acá.

Yo, desde acá añoro el bendito Artículo 3° Constitucional y sobre todo les envidio lo que viene siendo su Artículo 87 de la Ley Federal del Trabajo… porque eso de cenar fideos en Navidad, de verdad que no es de Dios.

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