Informador Independiente/Ana L. Vilches S.- Yo no sé ustedes, pero yo, mi momento de inspiración lo tengo en la regadera. Todas las mañanas a las 06:40, hora de Montreal (05:40 de la CDMX) me meto a bañar y en ese momento me vienen a la cabeza las ideas de qué voy a escribir, obviamente de acuerdo a lo que pasó el día anterior, lo que leí en las noticias (de México o de aquí) o nomás lo que tenga ganas de decir… pero está semana… ¡Dios guarde la hora! Hubo de todo como en botica… que si la marcha, que si el bloqueo, que si el Canciller neófito, que si el saqueo,  que si el Presidente cándido… de todo, vaya.

Esta semana yo vi muchas cosas que me hicieron pensar que sí hay una luz al final del túnel para mi amado país de la memela.

Vi ciudadanos que en diferentes partes del país se organizaron para salir de la comodidad de sus hogares, se tomaron el tiempo de hacer una pancarta y aun con la incertidumbre (casi diría miedo) respecto a cuál sería la reacción de las autoridades, salieron a protestar.

Vi gente entrando a tiendas,  robando, huyendo… actuando como verdaderos criminales, porque lo son. Considero punible que una persona entre a un lugar a robar aprovechando la Fuenteovejuna, pero el que lo hagan porque recibieron dinero por ello me parece lo más bajo, repugnante y nauseabundo. Gente sin ninguna dignidad que vende su voluntad y su compromiso social por unos cuantos pesos. Esas personas no merecen un miligramo de mi respeto. Ni un miligramo, dije.

Vi gente buena y honesta (que sostengo que es mayoría en México) que evitó saqueos, de una manera individual u organizada, que impidió que una iniciativa cuidadana, resultado del legítimo hartazgo se siguiera manchando por personas sin ninguna ética (¿ya dije que esos no merecen mi respeto?).

Vi en redes sociales a personas que intentaban tranquilizar, calmar, contrarrestar la táctica gubernamental del ‘acarreado-agitador-saqueador’ y aconsejaban una manera pacífica y correcta de manifestarse… pero sostenían que era necesario seguir manifestándose. A esas personas que informaron, que intentaron impedir el pánico, mi reconocimiento y agradecimiento.

También vi a un presidente necio… haciendo un movimiento sin sentido en un momento delicado: reintegrar a su gabinete a una persona que se convirtió en non grata por ser el genio que ideó invitar a México a Donald Trump el año pasado. (Como nota jocosa -amo esa palabra: ‘jocosa’- ¿vieron la cara de Claudia Ruiz Massieu al momento del anuncio?… me dieron ganas de tomar su mano y llorar con ella) ¡Qué necedad de tener a Videgaray al lado, caramba!

Luego vi a Videgaray haciendo una inusitada gala de honestidad, candidez y cinismo: “Yo no conozco la Secretaría de Relaciones Exteriores, no soy un diplomático. Se los digo de corazón y con humildad: vengo a aprender de ustedes”… it makes me go ‘chale’. No sé si sea necesario decir más al respecto… quiero reír, llorar y darle unas bofetadas.

Luego, por si la semana no hubiera estado bastante movidita, el Sr. Presidente salió de nuevo a dar un mensaje…. no sé ustedes, yo lo vi tibio, achicado, pálido, y con una pésima oratoria (de niño nunca recitó “volverán las obscuras golondrinas” y obviamente no aprendió a mover sus manitas mientras hablaba). Dio una explicación chafa y luego nos lanzó una pregunta que no supe si fue un desafío o una deliberada solicitud de orientación… tuve que repetir varias veces, el video, no podía creer lo que estaba viendo… De verdad, “¿Qué hubieran hecho ustedes?”… a mí, como simple cuidadana de a pie se me ocurrieron varias cosas, pero afortunadamente tengo amigos inteligentes, cultos y conocedores que pusieron sus conocimientos al servicio del Ejecutivo  y le mandaron por Twitter y Facebook sus propuestas, con números y datos duros. Yo, desde aquí le digo: Sr. Presidente, si no sabía qué hacer, nos hubiera preguntado antes de hacer tanto cagadero… ya vio que respuestas cuidadanas sobran.

Finalmente, vi gente ajena. No sé cómo se pueda hacer eso, pero sí, vi a algunos que se mantuvieron ajenos; se quejaron del aumento de la gasolina, se quejaron de los saqueos y (como yo) descalificaron a quienes los llevaron a cabo, pero también se quejaron de los bloqueos porque les impidieron llegar a sus trabajos, compromisos o lo que fuera y dijeron que mejor hay que ponerse a trabajar… así, nada más. A ellos me permito dirigirles unas palabras: México necesita de todos, de los que viven dentro de su territorio, de los que vivimos fuera, de los que hacen propuestas, de lo que no se contentan con una cínica explicación gubernamental, de los dispuestos a perder un día o más de salario para organizarse, salir y lograr cambios (pacíficos, idealmente)… también necesita de ustedes. Sabemos que no es cómodo estar atorado en el tráfico, o no llegar a cumplir nuestros compromisos, pero dejemos de ser individualistas, la gente se manifiesta por algo que afecta a todos. Dejemos de pensar sólo en nosotros (y eso aplica en cualquier parte de la sociedad donde estemos). Eso nos llevará a la organización y cuando una sociedad está organizada y encaminada al bien común, ¿Qué creen que es lo que sucede?

C-A-M-B-I-O.

 

Ana L. Viches S.

Es Chilanga de nacimiento y pasó en el entonces D.F. los primeros 31 años de su vida; por azares del destino ahora vive en Montreal, Canadá con su esposo franchute y su perra Lola. Es especialista en nada, pero le gusta opinar de todo. Dice que habla inglés y francés aunque nada de esto ha sido comprobado.

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