Informador Independiente/Ana L. Vilches S.- Hoy les voy a contar otra intimidad (ya ven que a mi me gusta que en Internet todo mundo conozca mi vida privada). Les voy a platicar del último novio que tuve antes de conocer al franchute.

Este sujetillo había sido policía judicial (no me pregunten cómo pasó eso, porque nos pasaríamos 5 columnas contando esa historia) así que físicamente podrán imaginarlo (no estaba grotesco, pero no era Robert Downey Jr). Este hombre era un amigo increíble, siempre estaba ahí cuando lo necesitabas, dispuesto a ayudar sin importar cual fuera el problema, además conocía mucha gente y siempre tenía la respuesta a todo. Yo, acostumbrada a resolver todos mis asuntos sola, me sentía protegida y me gustaba. El problema del joven es que se le fue la mano como al gran Zovek y pronto la protección se convirtió en control. Cuando íbamos a comer, yo le decía a él lo que quería y él le daba el pedido al mesero… y ni loca sonreírle por amabilidad (al mesero, claro); recuerdo un día en que vi un vestido que me gustó en un aparador, era negro, corto y escotado, no lo compré, no me lo medí, sólo me gustó, pero bastó y sobró para que me aplicará la ley del hielo el resto de la tarde y la noche (en la cena mis rollos de sushi se deshacían mojados de lágrimas). Se enojó conmigo cuando riéndome le conté que mi primero novio lo tuve en el Kinder (estaba muy chulo el chamaco, y me acuerdo perfecto de su nombre, pero ese detalle sí me lo voy a guardar), le parecía que no era nada tierno ni simpático que yo hubiera tenido ‘novio’ a los 4 años. Un día me contó que la única vez que le había dado un golpe a una mujer fue cuando vio que su ex tenía un chupetón en el muslo… y yo que tengo una circulación peor que la del periférico en hora pico, moría de nervios cada vez que me hacía un moretón (porque ademas soy una atolondrada que anda chocando contra todas las mesas, cajones y sillas que se le atraviesan).

No estuvimos juntos mucho tiempo (aunque hoy veo que más de un mes con él ya era mucho tiempo), un día se indignó y despareció porque le dije que en mi cumpleaños acostumbraba comer pastel y festejar con mis papás y hermanos. Me dijo que ya no los necesitaba porque ya lo tenía a él (échense ese trompo a la uña).

Me acordé de ese personaje porque acaba de pasar el famoso Día Internacional de la Mujer… y entre flores, corazones y cumplidos (genuinos y fingidos) pensé en Elena Arlette Salas Chavez, quizá les suene su nombre; ella despareció en Coacalco, Estado de México el 8 de septiembre del año pasado, y su cuerpo fue entregado a su familia después de 6 meses de búsqueda. Su hermana sostiene que el responsable de la muerte de Elena Arlette fue su esposo…

Eso me puso a pensar.

No creo que los hombres que han asesinado a sus parejas fueran tiernos y maravillosos y un día simplemente amanecieron psicópatas homicidas.

Sabemos que la violencia escala, puede comenzar por la ley del hielo cuando te pones ropa que no les gusta (o ves en el aparador un vestido que les parece demasiado revelador), después una mala palabra, quizá un «pequeño» pellizco… y esta bola de nieve de convierte en un asesinato. Entonces me pregunté ¿por qué las mujeres aguantamos la violencia? ¿por qué no vemos las señales? ¿por qué no nos vamos al primer empujón? ¿por que no ponemos tierra de por medio después del primer insulto? ¿es por esta falsa cultura de que el amor duele, que el amor es sufrimiento? ¿por qué intentamos arreglar algo que no está en nuestras manos (sus celos, inseguridades, adicciones)? ¿será que de niñas nos dijeron que si el niño te pega o te jala las trenzas es porque le gustas? ¿acaso todas aprendimos que ‘el verdadero amor no se da por vencido y lucha hasta el final’? ¿será porque la Madre Teresa dijo que hay que amar hasta que duela?

Yo sé que de haber seguido con ese hombre, hubiera terminado mucho más dañada de lo acabé… aún – 4 años y medio despúes- me pone muy nerviosa que el franchute me vea moretones en las piernas… me asusto cuando me pregunta qué me pasó (porque además nunca sé qué me pasó, hay tantas posibilidades como mesas en mi camino).

Pienso mucho en todas las mujeres que han muerto a manos de los hombres a los que amaban y en los que confiaban… si hubieran escuchado su voz interior y se hubieran alejado a la primera señal de violencia ¿seguirían vivas?

¿Qué podemos hacer para cambiar esto? Quizá enseñarles a los niños que deben respetar y ser respetados en todo momento es un buen principio; quiza no darle una bofetada a tu hija pequeña y decirle que le pegas porque la quieres; quizá recordarles que quien las quiera las va a cuidar y no intentará lastimarlas ni física ni emocionalmente (y actuar de manera congruente). Habrá que aprender a amarnos a nosotras mismas antes que a alguien más, deberemos escucharnos y saber que si alguien te hace daño, no va a ser la última vez ni la peor. Habrá que perderle el miedo al mundo, a la soledad, al qué dirán.

En el Día Internacional de la Mujer tendríamos que exigir respeto y aprender a respetarnos, y a amarnos. Habrá que apoyarnos entre nosotras, escucharnos, entendernos, y sobre todo, no juzgarnos. Nos necesitamos.

Hoy cierro dedicando un pensamiento a todas las mujeres que sufren violencia, a todas las que viven con miedo, a todas las que se sienten sin salida, a todas las que sienten nervios cuando el marido huele a alcohol y le cambia la mirada, a todas las que han perdido la vida a manos de sus parejas. A todas las abrazo desde el fondo de mi corazón y les pido que se escuchen, su voz interior nunca se equivoca.

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