Les he contado muchas veces lo mucho que uno extraña la tierra, la familia, los amigos y las memelas de México, a casi todos nos pasa, conozco una sola persona que no extraña nuestro país (y no lo entiendo), sin embargo, cuando ya estamos un poquito más estables, cuando ya nos alcanza para comer más de una vez al día y podemos empezar a darnos nuestros lujitos, nos topamos con una dura realidad, me refiero a unas cuantas personas que no son ni familia ni amigos, pero extrañamos una barbaridad, les cuento:

1)    La señorita emprendedora que vende perfumes / zapatos / colchas por catálogo (Una lágrima rueda por mi cachetito derecho). Confieso que en mi vida he comprado 2 perfumes en una tienda, todos los demás llegaron a mis manos gracias a estas señoritas que en distintas etapas de mi vida (y con eso quiero dejar claro que SIEMPRE, en todos mis años de trabajo tuve la gracia divina de tener a una microempresaria del perfume cerca) me abastecieron de fragancias. Colchas… no sé ni donde se compran, sólo las conozco por el catálogo de Vianney donde salía Andrea Legarreta; y zapatos, sí, son clienta cautiva de Andrea (no Legarreta), duran toda la vid. Así que se podrán imaginar que desde que llegué a este boscoso país no he comprado ninguno de estos artículos. Ah, importante decir que estas generosas visionarias nos dejaban todo en paguitos quincenales… parece que aquí a nadie se le ha ocurrido ese concepto para ayudar a la economía familiar.

2)    La que vende desayunos en la oficina. ¿Necesito explicar cómo esas resignadas mujeres nos salvaban de la inanición diariamente?  Aquí no hay nada como eso… nadie te trae tu sandwichito sin mayonesa pero con doble aguacate o tu papaya con miel y granola, o tu juguito de naranja. A nadie le importa que una venga a cumplir con sus labores con la panza de farol.

3)    El bolero. ¿Se imaginan un mundo en el que no haya nadie para dejar tus zapatos como espejito por módicos 25 varitos? Pues en esa pesadilla vivimos aquí. En este punto me veo obligada a hacer una vergonzosa confesión: Yo no sé bolear mis zapatos. En la primaria usaba de charol, de esos que se limpian con Windex, y en el trabajo siempre tuve un bolero que le diera dignidad a mis ‘papos’, así que es una de esas habilidades que no tengo. Aquí una vez llevé unas botas a una reparadora de calzado y me cobraron 20 dólares por darles una ‘chaineadita’ que no le llegaba ni a los talones a las maravillas que hacía Josué, mi bolero de cabecera. Así que me he acostumbrado a andar con los zapatos chamagosos… ni hablar.

4)    El viene-viene. A decir verdad a ellos los extraño “en veces sí y en veces no”. Me gustaba que ya cuando era clienta les dabas 50 pesitos a la semana y le daban un trapazo diario a tu coche, algo ligero, nomás para que diera el gatazo. Aquí igual no tengo coche, jeje, pero si tuviera, los extrañaría.

5)    La señora que limpia tu oficina. Sí, en mi trabajo hay una señora que pasa diario a sacar la basura. Sólo a sacar la basura. Y en la noche, cuando ya todos nos fuimos, pasa un señor que limpia los pisos. Sólo los pisos. Pero ¿y los muebles? ¿las computadoras? ¿los teléfonos? ¿las impresoras? Ah… nadie. Yo tengo mi trapito y mi Lysol para limpiar mi oficina. Es triste, pero real.

6)    La señora de la tanda. Digan lo que quieran, pero los mejores ahorros que he tenido los logré gracias a la bendita señora de la tanda que siempre le daba el último número.

7)    Y para finalizar, la que les duele a 98% de las amigas que tengo aquí: La que ayuda con el aseo de la casa. Esas heroínas sin capa, el corazón del hogar, esas dedicadas mujeres que de manera cuidadosa mantienen el delicado equilibrio familiar. Esas que por 350 pesos dejan tu casa oliendo a maestrolimpio, los pisos relucientes, los muebles como nuevos y los closets ordenados **suspira**… esas aquí cobran alrededor de 18 dólares por hora (no incluye vidrios ni lavado de refrigerador, eso se paga extra), y me imagino que dadas las circunstancias, se andarán tardando 3 horitas para dejar tu casa perfecta… así que no, aquí no conozco a nadie que tenga ayuda (igual y tengo alguna conocida pudiente, pero será minoría), todas sufrimos igual.

Así que queridos lectores, valoren lo que tienen, compren en quincenas y apoyen a la microeconomía… que de este lado ya quisiéramos…

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