Informador Independiente/Ana L. Vilches S.- Hace 18 años, Shakira contaba que su producción «¿Dónde están los ladrones?» se llamaba así porque estando en un aeropuerto le robaron un maletín donde llevaba las canciones que conformarían su siguiente disco… al verse sin canciones, tuvo que escribir unas nuevas y así nació el que – a mi gusto – ha sido su mejor trabajo musical.

Algo así me pasó… nomás que yo no soy Shakira y nadie me robó nada…

Resulta que desde hace algunos meses, despues de varios viajes, aeropuertos, rayos X, pelos de perro y migajas de galleta, mi laptop se rindió y no quiso prender más, por lo que estás bonitas columnas que hacen las delicias de chicos y grandes son escritas en la aplicación de Bloc de Notas de mi celular…(valórenla, es producto artesanal)  como sabrán, esas ‘notas’ tienen un número limitado de caracteres, y como siempre me dejo ir como gorda en tobogán, me acabo el espacio y termino escribiendo la columna en dos partes. El punto es que el domingo por la noche estaba por mandarle la columna de esta semana a mi editor, y en un despliegue de inusitada estupidez, borré la segunda parte. Ni siquiera vale la pena contarles el paso-a-paso, el resultado fue que tenía media columna y demasiado sueño como para ponerme a escribirla de nuevo.

Mi editor, ser de luz y pureza, fuente de inagotable paciencia me dijo «no te preocupes, Ahora descansa y ya mañana te peleas con el cel»… entonces hoy, con renovadas fuerzas, decidí no retomar lo que había escrito ayer, sino volver a empezar ¿cómo de que no? Si temas en la vida sobran.

Ayer les pensaba hablar de como los viajes nos ilustran… y será tema en otra ocasión, pero hoy, les voy a compartir una intimidad. Resultase ser de que soy parte de un grupito en Facebook… somos 27,419 mexicanas que vivimos en los rincones más insólitos de la tierra… piensen un lugar… sí, ahí hay una mexicana, y posiblemente es parte del grupo. Pues bien, este grupete es muy activo (como bien se podrán imaginar), pero lo que ahí pasa me parece digno de estudio sociológico.

Las mujeres escriben lo que les viene en gana, recetas de cocina, fotos de sus críos, quejas de sus esposos, lamentos por las visitas de las suegras, venden productos, pasan dietas y tips de belleza … De todo, todo… pero lo que tocó mi corazoncito fue que también han compartido sus historias mujeres que han vivido cosas muy rudas. Pero rudas y no fregaderas. Sobrevivientes de cáncer, mujeres que han perdido a sus parejas, a sus hijos (nacidos y no nacidos), que han sufrido racismo en donde viven o que por alguna razón perdieron todo. Así, sin conocernos nos hemos contado cosas muy personales y a veces dolorosas. Ya me imaginarán a veces, con el celular en la mano y chillando como Magdalena.

Repito: 27,419 mujeres mexicanas, ¿y saben qué es lo más sorprendente? Que después de compartir sus historias reciben una verdadera ola de afecto, comprensión y apoyo… De gente que no conocen.

Este grupo de mexicanas, puedo decir sin temor a equivocarme, se ha vuelto la conexión, terapia y compañía de muchas de estas mexas… claro que no ha faltado la malaleche… pero generalmente nadie les hace caso y terminan saliéndose (o la administradora las bota por elementos gachos).

No deja de sorprenderme la tolerancia y el respeto que se mantienen; aunque muy pocas nos conocemos en persona (ahora se han creado subgrupos por ciudad y nos juntamos, comemos, hacemos escándalo y nos reímos a carcajadas, cosas de mexicanas, vaya) Tiene un espíritu tan solidario y apapachador que me hace sentir – y esto va a sonar bastante mariguano- en casa. Es como si de alguna manera, lo más bonito de vivir en México se hubiera metido en un grupo de Facebook y ahí se conviviera bajo esos lineamientos.

Decía una gran sabia, mamá de un animalillo (la verdad es que no me acuerdo cual) en la  película de Bambi «Si lo que has de hablar no ha de agradar, es mejor callar», y estas señoritas lo han entendido muy bien, ojalá se convirtiera en regla personal, ¿qué necesidad de andar de malvibroso por la vida? Digan cosas que aporten, que valga la pena escuchar, que apoyen… para echar mugre tenemos a Donald Trump  (experto en el tema, por cierto).

Por mi parte, me lo he establecido como política: de esta boca no saldrán críticas malaleche, y si lo que voy a decir no aporta nada, mejor me muerdo la lengua, sonrío y no le amargo el día a nadie.

Ya dije.

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