Informador Independiente/ Ana L. Vilches S.- El domingo pasado, el franchute y yo nos consagramos a una de nuestras actividades favoritas: ver Netflix. En esta ocasión nos encontramos con una especie de película/documental/análisis sobre la selección de futbol francesa y su relación con los momentos políticos del país (de SU país, obviamente) de 1996 a la fecha**… una cosa muy intelectual como se podrán imaginar.

Para el franchute no fue nada nuevo, como buen panbolero, se acordaba de todo lo que ellos contaban, conocía a todos los jugadores, entrenadores, comentaristas… estaba en su elemento el muchacho… y yo, como el chinito, nomás milando y pensando lo graves, pero igualmente profundos que son los problemas del país de Ratatouille (que además de ser la ratita de la película, es un platillo muy tradicional francés).

Me voy a parafrasear un poco: Francia no es necesariamente como imaginamos. París -aunque no les voy a mentir, sí es una ciudad preciosa- no es un lugar donde la gente camina siempre enamorada y de la mano, se respira fraternidad y la vida es rosa… Les va bien, trabajan 8 horas, y el salario mínimo mensual es de 1.480,3 €, sin embargo, los problemas que hoy enfrenta Francia (incluidos los atentados en la capital y en Niza) tienen un origen que me costó bastante entender: la falta de integración.

Y serán muy de primer mundo y comerán «paté de fua», pero en el asunto de integración, en México les ganamos porque para nosotros la cosa está muy facil: ¿Naciste en México? Eres Mexicano… y no nos importa si tus papás nacieron aquí o no, o si hablan español o no, o si tu apellido no suena mexa… Eres mexicano, comes tacos, albureas, viste a Chabelo, te sabes las de JuanGa y odias al América… jajaja… perdón no lo pude evitar…  o mejor aún, no naciste en México, no hablas bien español, pero comes tus tacos con salsa de la que pica e intentas conjugar el verbo «chingar» en alguna frase: eres mexicano ¡pues que carambas!

Cuando el franchute y yo llegamos a vivir a Querétaro, el pobre no hablaba una palabra en español, y sufría por la cantidad de «erres» que tenía nuestra dirección: Camino Real, Corregidora, Querétaro… pero se aventó, a hablar, a comer garnachas, a elegir un equipo de futbol y a ponerle Valentina a las papas…  estuvimos 16 meses viviendo ahí, y cuando finalmente recibimos la residencia de acá y nos mudamos, tuvimos que despedirnos de los de la fonda, el supercito, la tintorería, el gym, el veterinario… No vivíamos en un «guetto» porque él no fuera mexicano, y si hubiéramos tenido hijos allá, no hubieran sufrido discriminación por su origen. Punto para los mexas.

Ahí ha estado el error monumental del país del queso apestoso (y sabroso); ellos como otros países de Europa, reciben un flujo importante de migrantes de distintos lugares, principalmente de África y Oriente medio, y como son gente de escasos recursos, los mandan a vivir a las afueras de las ciudades, a zonas que ellos llaman «les cités», que son arquitectónicamente parecidos a Tlatelolco, pero donde los migrantes tratan de ganarse la vida como pueden. Co-mo pue-den, dije… ya se podrán imaginar el ambiente. El caso es que en estos lugares -que están generalmente a varios kilómetros de las ciudades- se les margina y mantiene lejos de los «franceses». Entonces, estas personas tienen hijos, que aunque ya nacen en el territorio galo,  no tienen una verdadera identidad, vaya que no son ni de chile, ni de dulce… crecen en «barrios de árabes» o «de africanos», bajo las reglas de estado francés… hablan francés, son nacionales franceses por haber nacido ahí, pero no sienten  raíces  porque no son parte de la comunidad… pero ya tampoco pueden considerarse «árabes» o «africanos» (por poner un ejemplo, porque vienen de muchos otros lugares también)… y ya ni qué decir de las oportunidades que tienen de tener una buena educación o un buen empleo… ¿y eso qué genera? resentimiento social, y eso sí sabemos cómo funciona ¿no?

Por ejemplo ¿Sabían ustedes que Zinedine Zidane, nació en Marsella, de padres Argelinos y en la selección le llamaban «El Árabe»? …

¿Qué concluyo de esto? Nada útil en realidad, jeje, pero cuando menos, este problema no lo tenemos (una que anda buscando consuelo por todos lados)… tenemos otros, pero este no.

** La película/documental/análisis se llama «Les Bleus – Une autre histoire de France, 1996-2016», por si quieren buscarla.

Foto: Internet

P.D.: La detención de Javier Duarte sacó mi lado más oscuro. Vi su sonrisa cínica y me dieron ganas de hacerle cosas que no son redactables. Ahora nomás espero que no, en una de esas cosas surrealistas que sólo suceden en Mexicalpando de las garnachas, nos salgan con que ya salió y se fue a su casa porque  #mereceabundancia … Felicidades a la AIC, como me dijera alguna vez uno de sus elementos «Somos más los buenos».

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