Informador Independiente/Ana L. Vilches S.- Les cuento para empezar, que hace pocos días se celebraron dos fechas importantes por estas tierras: el 24 de Junio, Día de Quebec (o el «Saint Jean Baptiste»), y el 01 de Julio, Día de Canadá. Además, por si fuera poco, este año Montreal (la ciudad más importante de la provincia de Quebec) cumple 375 años… y Canadá cumple 150.
En este orden de ideas – como dijera un filósofo llamado Ernesto Laguardia cuando participaba en «Hoy» – queridos lectores, les voy a platicar de una realidad que me era total y absolutamente ajena antes de venir aquí: la gran diferencia entre Quebec y Canadá… porque -nunca mejor aplicado- están juntos, pero no revueltos.
Recordarán ustedes sus años escolapios y la cantidad de horas/nalga que le dedicaron a aprender la Historia de México… los nombres de los personajes y de los héroes que nos dieron patria; los eventos, los tratados, las guerras, las traiciones, los fusilamentos… años, exámenes y reglazos consagrados en saber nuestros orígenes al dedillo… ahora imagínense llegar a vivir a un país del que no conoces nada de su historia. Nada. Pues eso me pasó… y como no quiero que les pase a ustedes, y como marco referencial  del tema que hoy nos ocupa (arrroozzzz), les voy a contar, así, en un resumen muy compactito la historia de Quebec. Agárrense… Resulta que el chisme empezó así:
Por ahí de 1453, después de la caída de Constantinopla (la que se quería constantinopolizar), los europeos ya no pudieron  pasar por sus clásicas rutas marítimas cuando querían ir a China o  India (ya saben, iban que si por su Chop suey, su cerdo agridilce, su curry…) porque los arabes e italianos ya controlaban esas zonas, y a ellos su barrio sí los respaldaba. Entonces, los europeos dijeron «vamos a echarnos un disparejo, para ver quien manda a los exploradores a encontrar nuevas rutas», y así cada país fue mandando a sus chavos a buscar. Por ahí de 1524, llegó a estas tierras norteñas Giovanni da Verrazano, que aunque suene italiano,venía de parte de Francia (es que creo que trabajaba por outsourcing), pero creyó que había llegado a la India (¿les suena?). 10 años después, en 1534 vino otra expedición, ahora al mando de un señor que se llamaba Jacques Cartier y como que nomás tocó base, se fue y al año siguiente volvió a venir… pero ahora sí traía a su banda y empezaron a explorar la zona que llamó «Canadá» (y la llamaba así porque escuchó a unos nativos Iroquoians utilizar la palabra»kanata» que significa «pueblo»).  Pero, no olvidemos que también otras naciones europeas habian mandado a su crew, así que ya teníamos por aquí asentamientos que formaban «Nueva Francia», «Nueva Inglaterra», «Nueva España»… la creatividad en los nombres ante todo. Total que se empezaron a establecer pequeñas colonias por aquí y por allá, unas más bonitas que otras, unas más al norte y otras más al sur, pero como tenía que pasar, tarde o temprano empezaron los problemas y con ellos las guerras. Luego de muchos dimes y diretes, las guerras intercoloniales terminaron en 1689 con los Tratados de Utrecht, en los que el Duque de Orleans cedía algunos territorios de Nueva Francia a Nueva Inglaterra. Ahí, damas y caballeros, empezó el verdadero despapaye que traemos hasta ahora.
Imagínense, a los pobres colonos los había traído Francia y un día el país de Ratatouille le dice a Inglaterra «¿Sabes qué? Va, ni tú ni yo. Te dejo estos territorios y estamos a mano, cada quien su golpe, ah, y te dejo a los pobladores, son bien buena onda y no dan problemas»… aunque en sus adentros pensaba «nomás que se descuiden, recupero mis tierras». Entonces en Nueva Inglaterra ahora había una parte que no entendía nada porque no hablaba inglés. Obviamente, estos no estaban precisamente felices con el cambio de administración, pero bueno, pues ahí iban, no contentos, pero aguantando vara. Entonces, en 1755 a Nueva Inglaterra se le ocurrió -¿por qué no? sacar a los pobladores de un lugar que se llamaba Acadie de su territorio y ponerlos allá, donde no dieran lata, ante lo cual, los francoparlantes se enchilaron y al año siguiente, a los pre-yanquis les cayó el chahuistle disfrazado del General Louis-Joseph de Montcalm quien les llegó con 3 mil hombres a hacérselas de pex, y que se arma la rebambaramba. Así se aventaron varios años con que «tuya, mía, te la presto, ahora devuélvemela, no que ya la chupó el diablo…» hasta que en 1760 se firma la capitulación de Montreal, donde queda estipulado que los chicharrones que truenan son los de Inglaterra, quien ni tardo ni perezoso, impuso un régimen militar; pero obvio, en su corazón, los franceses seguían siendo franceses. 3 años después, aún -supongo yo- con el corazón dolorido y la dignidad maltrecha, los francoparlantes se fueron enterando de que el Rey Luis  XV había firmado el tratado de Paris en el que daba fin a la Nueva Francia y decía «ahí háganse bolas», en ese punto los franceses que quedaban de este lado del Atlántico se negaron a jurar lealtan al Reino Unido y siguió el embrollo.
11 años después, en 1774, el gobernador Guy Carleton logra la Proclamación del Acta de Quebec, donde – entre otras cosas- se establecían derechos que incluían el uso del idioma francés… Luego, en 1791, el Acta Constitucional divide la provincia de Quebec en dos colonias, en una queda la mayoría franco-católica y en la otra la anglo-protestante… y otra vez, ahí iban, en tensa calma, vaya… y así, en 1840 a Lord Durham  (político y administrador colonial británico) le pareció una idea simpatiquísima recomendar (así como la CNDH) la asimilación cultural de los canadienses, ah, y  para hacerlo más divertido, establecer el inglés como lengua oficial. Aunque no hay que olvidar que las recomendaciones son como las llamadas a misa. Para hacerles corto un cuento largo, el 1ero de julio de 1867, nace el Dominio de Canada, el cual divide este enooorrrrme territorio en 4 provincias: Nuevo Brunswick,  Nueva Escocia, Québec y Ontario. Y aunque todo parecería que ya es paz y tranquilidad, esa especie de resentimiento histórico siguió guardadito en el corazón de los francoparlantes y ahí sigue hasta el día de hoy. Con decirles que se han hecho dos referendums, en 1980 y 1995 para ver si Quebec se independiza de Canadá. Ya para acabar con mi embarradita de historia, les cuento que en la década de los  60´s de este siglo se vivió por aquí un movimiento que se llamó «La Revolución tranquila» en la que se quitó poder a la iglesia católica y se estableció el francés como la lengua oficial.
Bien… ahora que ya sabemos de lo que hablamos les voy a contar las diferencias del Día de Quebec y el Día de Canadá…
CONTINUARÁ…